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26 ago

El Parque Nacional Robinson Crusoe se somete a una restauración ecológica

Richard García
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Aunque el monto recibido por la Conaf es pequeño, permitirá un mayor conocimiento de la biodiversidad más amenazada y el aprendizaje de técnicas que pueden favorecer su recuperación.

Un incipiente primer paso para la recuperación ecológica de la flora del archipiélago de Juan Fernández es lo que representa el proyecto de restauración ecológica del parque nacional del mismo nombre, que comenzará a ser aplicado a partir de septiembre.

La iniciativa, que será coordinada por la Conaf, estará financiada en una primera etapa de tres años con una donación de 85 millones de pesos, aportados por la fundación británica Iniciativa Darwin, y cuenta con el apoyo de ONGs como Oikonos y organismos de gobierno.

Uno de los objetivos principales es desarrollar trabajos de conservación de germoplasma (las semillas, esporas o partes de planta que permiten reproducir una especie) de la flora nativa, incluyendo la instalación de un banco biológico para conservar las especies nativas “La idea es aprender los mejores momentos o lugares para recolectarlo”, explica Andrés Meza, gerente de Áreas Protegidas de la Conaf.

Se espera recolectar y mantener semillas y esporas de a lo menos el 50% de las especies del bosque nativo de Robinson Crusoe (unas 70 especies aproximadamente), para conservarlas en muestras duplicadas tanto en el Parque Nacional como en el banco de semillas nacional del INIA.

El Parque Nacional contiene 213 especies nativas, de las cuales 135 (63,4%) son endémicas de la isla y 2 (0,9%) endémicas de Chile. Solo para Robinson Crusoe se han descrito 149 especies nativas, 91 endémicas estrictas del archipiélago y dos endémicas de Chile.

Si la conservación del germoplasma se hace en forma adecuada, eso aumenta sus posibilidades de reproducción, dice Meza. También pretenden aprender técnicas eficientes para la propagación de las plantas y luego la posibilidad de viverizarlas, es decir, producirlas en forma controlada para lograr una reproducción a gran escala. “No basta con agarrar una planta y llevarla a un lugar donde antes crecía pero ahora ya no está, a veces eso no funciona sin el conocimiento adecuado”.

Para ello contarán con el apoyo de expertos internacionales que asesorarán sobre estas técnicas a los técnicos locales.

También se ampliará el vivero del área protegida. Esto permitirá la implementación de un área exclusiva para cultivar helechos, que resultan esenciales para controlar la erosión.

Voluntad política

El programa se complementa con la erradicación de especies invasoras en una superficie de al menos una hectárea. Allí se realizarán trabajos de plantación de helechos para el control de la pérdida de suelo y también se incluirán especies arbóreas, como la “col de Juan Fernández” o Dendroseris litoralis , el “juan bueno” o Rhaphihamnus venustus , el “pangue” o Gunnera tinctoria y el “naranjillo” o Fagara mayu , además del arbusto Haloragis masatierrana .

La bióloga del Instituto de Ecología y Biodiversidad, Cecilia Smith-Ramírez, valora el esfuerzo, pero estima que la cantidad de dinero que se invertirá es muy poca para obtener resultados a largo plazo. “Para erradicar los mamíferos invasores se precisaría al menos de 20 millones de dólares, y para sacar a las plantas mucho más”, asegura.

“Hace quince años hubo un financiamiento de los Países Bajos cercano a los 3 millones de dólares, pero cuando se acabó la plata, las cabras que se habían controlado volvieron a los predios y las áreas que habían sido desmalezadas volvieron a llenarse de plantas foráneas”.

A juicio de la investigadora, más que proyectos parciales se requiere de un financiamiento decidido del Estado para hacer frente al problema de las especies invasoras, especialmente los conejos y las zarzamoras. “Falta la voluntad política”, reclama.

Meza no desconoce que el aporte es reducido, pero, en términos de los que se asigna para conservación habitualmente, es mucho dinero. Admite que es muy difícil convencer a quienes toman decisiones para que pongan plata que se invertirá en la generación de conocimiento en un lugar remoto y para ayudar especies que nadie ha visto.

“No hay que mirarlos por el monto, sino por la repercusión de la información que se va a generar a partir del proceso que implica aprender a conservar sitios en que viven especies endémicas en peligro de extinción. Si aprendemos a rescatar el germoplasma, sean semillas o esporas, es un conocimiento que quedará para siempre para esta y otras áreas protegidas”.